Introducción
Hace pocos años, Pedro, mi compañero
de tantas batallas, y un servidor, empezamos a darnos
cuenta de que, aquellas expresiones y palabras que fueron
corrientes durante nuestra infancia y adolescencia (
finales de los 60 y años 70), empezaban a resultarnos
graciosas a la vez que nos sonaban ya un tanto extrañas
y lejanas en el tiempo, al recordarlas, o al oírlas
en boca de alguna persona mayor.
Esto era un signo evidente de que,
una forma de hablar que había sobrevivido a numerosas
generaciones, en apenas una sola generación estaba
siendo suprimida. Este fenómeno sería
digno de un adecuado análisis sociológico,
que no es materia de este trabajo, pero cabría
considerar algunos aspectos que han podido incidir,
directa o indirectamente, en el tema que nos ocupa:
la irrupción, en los años 70, de la televisión
en las casas rurales; la excesiva emigración
y la posterior interrelación entre los autóctonos
y aquellos que volvían en los períodos
vacacionales; el secular complejo de esta tierra para
reconocer y aceptar lo propio, etc. Algunas de estas
causas, es evidente, que tuvieron algo que ver en la
aniquilación de este dialecto.
En cualquier caso, nuestra preocupación
está más encaminada, simplemente, a recuperar,
en la medida de lo posible, una manera de hablar que
se acaba, y que tenemos la obligación moral de
darle un pequeño soplo de vida. En la misma medida,
nos gustaría haceros cómplices a cada
uno de vosotros, especialmente a los más jóvenes,
a sacar esta empresa adelante y animaros a que empecéis
a utilizar, aunque sea en tono de broma ( que por algo
se empieza) este material que aquí os ofrecemos.
Si conseguimos entre todos, que una sola palabra o expresión
perdida perdure en el tiempo, algo habremos conseguido.
No es nada fácil confeccionar un trabajo de
estas características. Han surgido numerosas
complicaciones. El hecho, por ejemplo, de encontrar
la definición más aproximada a cada término,
supone no pocas dificultades. Algunas palabras figuran
en el diccionario de la Real Academia, pero, en cambio,
aquí tienen una acepción, en algunos casos,
o una connotación, en otros, totalmente alejada
de la definición que propone éste. En
otros términos, en cambio, el significado es
exactamente el mismo ( con su correspondiente adaptación
al extremeño) lo cual confunde y dificulta más
la susodicha definición. A veces, la palabra
extremeña es una deformación de la palabra
castellana: “Pelafutrán” (extremeño),
“pelafustán”(castellano). Asimismo
algunos términos del extremeño, que parecen
muy nuestros: “Barruntar”, “vagancia”,
“cachivache”, etc., son relativamente frecuentes
en boca, por ejemplo, de locutores de televisión
o de la propia gente de la calle en las ciudades. Todo
esto hace muy complejo el hecho de poder establecer
un filtro, absolutamente fiable, de términos
considerados como propios. De cualquier manera, aquellas
palabras que han tenido una presencia relevante en nuestra
forma de hablar, serán incluidas aquí,
independientemente de cuál sea su papel en el
castellano al uso.
Cabría resaltar, como una observación
importante, que el extremeño que aquí
abordamos, intenta ajustarse al máximo al extremeño
hablado en Guijo de Granadilla, pues entrar en otro
ámbito nos complicaría enormemente poder
contrastar con un cierto rigor las definiciones de los
términos, teniendo en cuenta, además,
la enorme cantidad de localismos existentes. Por otra
parte, el extremeño que aquí tratamos
es, en un alto porcentaje, perfectamente extensible
a la mayoría de pueblos o comarcas próximas
a nosotros. No obstante, este diccionario no queda cerrado
como tal, y, seguramente, nos plantearemos, con el tiempo,
darle una dimensión geográfica mayor,
procurando, eso sí, contrastar y verificar al
máximo cada una de las incorporaciones.
Del mismo modo, y en breve, iremos añadiendo
ampliaciones periódicas, pues queda algo de material
pendiente, y es posible, también, que nos planteemos
en esta misma sección, introducir algún
vídeo o documento sonoro que ilustre y aproxime
un poco más esta forma de hablar que ya casi
nos dice adiós con el último estertor
antiguo que le queda.
Es muy probable que alguien eche de menos por alguna
parte el término “Castúo”,
para definir el dialecto extremeño como tal.
Pues bien, el término “Castúo”
tiene su origen en el poeta extremeño Luis Chamizo,
y, para ser más exactos, en su, por otra parte
estupendo, libro de poemas “El miajón de
los Castúos”, que, siguiendo en parte los
pasos de Gabriel y Galán ( al cuál admiraba
y tomó como referente), expresó la forma
de hablar de una determinada zona de Extremadura ( en
este caso de Badajoz), del mismo modo que Gabriel y
Galán lo hizo de nuestra zona, y otros poetas
lo hicieron de sus respectivos ámbitos geográficos.
Hace años, alguien, en un desaforado alarde de
“extremeñidad”, intentó acuñar
el término “Castúo” como denominador
común del dialecto extremeño en su conjunto
( y en parte lo consiguió). Pero, seamos sensatos,
el extremeño no es un dialecto que tenga una
homogeneidad tal, como para poder aglutinarlo en un
solo término. El extremeño, en realidad,
es un conjunto numeroso de subdialectos, con importantes
diferencias morfológicas y de acento, según
las influencias recibidas en cada zona ( en parte del
leonés, en nuestro caso). Así lo demuestran
algunos trabajos verdaderamente serios hechos por algunos
lingüistas y estudiosos del tema.
El término “Castúo”, por lo
tanto, a mi modo de ver, no pasa de ser una invención
folclórica de esa Extremadura de diseño,
forjada en el molde improvisado de las autonomías,
donde, había que inventarse un dialecto, como
se inventó una bandera, un himno o un festival
de no sé qué, en un gesto ( posiblemente
bienintencionado) iluminado y patrio, de búsqueda
de una identidad extremeña. Pero la realidad,
como casi siempre, es otra muy distinta.
Por último, dejar claro que nosotros no somos
lingüistas ni estudiosos de la materia, ni pretendemos
emular a real academia alguna; ni siquiera a otros trabajos
existentes sobre dialectos, hechos desde una formalidad
y un análisis profundo, sobre numerosos aspectos
que aquí omitimos. Nosotros somos simples transmisores
de un material que forma parte de esa herencia cultural
que es la lengua, y que pensamos merece la pena recuperar
para nuestro tiempo. No nos preocupa en exceso la organización
ni la ortodoxia en general en cuanto a su presentación.
A vosotros, es posible que tampoco. Que lo disfrutéis.
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